lunes, 10 de enero de 2011

EL POEMA QUE MARÍA ELENA LE DEDICÓ A EVA PERÓN


Calle Florida, túnel de flores podridas.

Y el pobrerío se quedó sin madre llorando entre faroles sin crespones.

Llorando en cueros, para siempre, solos.

Sombríos machos de corbata negra sufrían rencorosos por decreto y el órgano por Radio del Estado hizo durar a Dios un mes o dos.

Buenos Aires de niebla y de silencio.

El Barrio Norte tras las celosías encargaba a París rayos de sol.

La cola interminable para verla y los que maldecían por si acaso no vayan esos cabecitas negras a bienaventurar a una cualquiera.

Flores podridas para Cleopatra.

Y los grasitas con el corazón rajado, rajado en serio. Huérfanos. Silencio.

Calles de invierno donde nadie pregona El Líder, Democracia, La Razón.

Y Antonio Tormo calla "amémonos".

Un vendaval de luto obligatorio.

Escarapelas con coágulos negros.

El siglo nunca vio muerte más muerte.

Pobrecitos rubíes, esmeraldas, visones ofrendados por el pueblo, sandalias de oro, sedas virreinales, vacías, arrumbadas en la noche.

Y el odio entre paréntesis, rumiando venganza en sótanos y con picana.

Y el amor y el dolor que eran de veras gimiendo en el cordón de la vereda.

Lágrimas enjuagadas con harapos, Madrecita de los Desamparados.

Silencio, que hasta el tango se murió.

Orden de arriba y lagrimas de abajo.

En plena juventud. No somos nada.

No somos nada más que un gran castigo.

Se pintó la República de negro mientras te maquillaban y enlodaban.

En los altares populares, santa.

Hiena de hielo para los gorilas pero eso sí, solísima en la muerte.

Y el pueblo que lloraba para siempre sin prever tu atroz peregrinaje.

Con mis ojos la vi, no me vendieron esta leyenda, ni me la robaron.

Días de julio del 52 ¿Qué importa donde estaba yo? II No descanses en paz, alza los brazos no para el día del renunciamiento sino para juntarte a las mujeres con tu bandera redentora lavada en pólvora, resucitando.

No sé quién fuiste, pero te jugaste.

Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo, metiste a las mujeres en la historia de prepo, arrebatando los micrófonos, repartiendo venganzas y limosnas.

Bruta como un diamante en un chiquero ¿Quién va a tirarte la última piedra? Quizás un día nos juntemos para invocar tu insólito coraje.

Todas, las contreras, las idólatras, las madres incesantes, las rameras, las que te amaron, las que te maldijeron, las que obedientes tiran hijos a la basura de la guerra, todas las que ahora en el mundo fraternizan sublevándose contra la aniquilación.

Cuando los buitres te dejen tranquila y huyas de las estampas y el ultraje empezaremos a saber quién fuiste.

Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva, única reina que tuvimos, loca que arrebató el poder a los soldados.

Cuando juntas las reas y las monjas y las violadas en los teleteatros y las que callan pero no consienten arrebatemos la liberación para no naufragar en espejitos ni bañarnos para los ejecutivos.

Cuando hagamos escándalo y justicia el tiempo habrá pasado en limpio tu prepotencia y tu martirio, hermana.

Tener agallas, como vos tuviste, fanática, leal, desenfrenada en el candor de la beneficencia pero la única que se dio el lujo de coronarse por los sumergidos.

Agallas para hacer de nuevo el mundo.

Tener agallas para gritar basta aunque nos amordacen con cañones.

martes, 28 de diciembre de 2010

La Teología de la Muerte / Por Rubén Dri *


El 23 de diciembre, organizado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo, se llevó a cabo el juicio ético a la Iglesia cómplice de la dictadura militar. Se resaltó que el juicio no era a toda la Iglesia ni era contra la fe o contra el cristianismo, sino contra la Iglesia cómplice. Se recalcó que hubo otra Iglesia comprometida, cuyos militantes fueron perseguidos, secuestrados, encarcelados, torturados y “desaparecidos” como todos los militantes populares. En el juicio expuse conceptos centrales de una verdadera Teología de Mal, que ya había expuesto en Teología y dominación y que, por diversos motivos, habían pasado inadvertidos. Varios me expresaron asombro y horror. Me parece, pues, importante reproducir algunos conceptos entonces publicados, previa readecuación al momento presente. Ello echa un poco de claridad sobre los hechos aberrantes que salen a luz a raíz de los juicios a los máximos responsables del genocidio.

Los crímenes de la dictadura militar fueron impulsados por una determinada mística del soldado cristiano que ha sido coherentemente mantenida por los vicarios y el provicario castrense, en el período que va del ’76 al ’83. La concepción de la presencia de “Dios en el soldado”, que defendía el provicario Victorio Bonamín en 1976, es la misma que está presente en la concepción de los militares argentinos como “soldados del evangelio” que sostiene el vicario castrense José Medina en 1982.

Tanto Bonamín como Medina son buenos exponentes de esta concepción del militar cristiano. Pero tal vez sea el vicario y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Adolfo Tortolo, la voz más autorizada. Sus conceptos al respecto son sobrecogedores y permiten en cierta manera comprender la “furia mística” de ciertos militares como Videla. “El cristiano toma en sus manos –como hombre que vive su conciencia sacerdotal– el don de la vida natural y la ofrece a Dios destruyéndose o inmolándose en reconocimiento de la infinita majestad de Dios y en prueba de su entrega definitiva al Ideal. Esto nos lleva a la ofrenda en aras de un Ideal cuya raíz es Dios; al servir a la Patria hasta morir por ella.”

Ya tenemos los conceptos que fundamentarán la mística del soldado cristiano, capaz de morir y de matar: la “Infinita Majestad de Dios”, Dios todopoderoso, el cual exige destrucción o inmolación. Dios es un Ideal que se alimenta de la destrucción de la vida natural. Necesita sangre. De Dios deriva la Patria, que viene a ser una encarnación divina; en consecuencia un Ideal que solo vivirá de inmolación y destrucción.

“El amor a la Patria es sagrado [...] Cristo amó a su Patria, sojuzgada entonces por Roma. Dignificó y santificó de este modo el valor de la Patria. El amor a la Patria, que debe ser generoso y leal en cualquier hombre, debe serlo doblemente en el cristiano. Si morir por la Patria es dulce para cualquier hombre de bien, más dulce lo es para el cristiano que contempla el universo a la luz de la fe, y a la luz de la fe considera el Ideal de la Patria. Este amor a la Patria debe darse en grado eminente y heroico en quienes integran las Fuerzas Armadas de una Nación.” Un amor “en grado eminente y heroico” a un Ideal que exige inmolación y destrucción puede ser terrible, puede llevar a la furia de la destrucción “más allá del bien y del mal”.

Continúa el vicario castrense: “La vocación militar está signada por el riesgo permanente. Riesgo que la Fortaleza espiritual dinamiza y nutre. En las Fuerzas Armadas debe darse una clara y decidida vocación a la muerte como ideal inherente a su más entrañable Ideal Militar, condición ‘sine qua non’ para vivir el sentido heroico de la vida y para realizarse con el plasma que plasma héroes”. La “Fortaleza espiritual”, es decir, la mística que proporciona la legitimación teológica que realiza el vicariato, “nutre y dinamiza” el “riesgo permanente” de los militares, ese jugarse siempre al borde de la muerte que los caracteriza, porque al Ideal Militar le es inherente la vocación a la muerte. Allí está presente la Iglesia con su teología de la muerte para sostener espiritualmente a los caballeros de la muerte.

Pero el vicario castrense no deja de seguir internándose en estas profundas sendas de la mística de la muerte: “El héroe está hecho de renuncias personales, de grandeza de alma, de fe integral, ajena a toda servidumbre espuria. El héroe está situado inmediatamente después que el santo –sin olvidar que todo santo es héroe– así sea héroe con el heroísmo de la humildad y del silencio”. El texto habla de por sí. El héroe, o sea, el militar, viene inmediatamente después del santo, o sea del sacerdote, sin olvidar que todo santo o sacerdote es héroe o militar, el santo y el héroe, la cruz y la espada, la Iglesia y el Estado. El sacerdote u hombre de Iglesia es un santo-héroe y el militar un héroe-santo, anverso y reverso de la misma realidad, con hegemonía del santo pero que sólo puede hacerla valer con la fuerza del héroe.

Luego viene la estremecedora conclusión: “No es necesaria la efusión de sangre para ser héroe. Basta vivir el terrible cotidiano, sin dejar de cultivar la perspectiva de una senda que exija la efusión de sangre”. Creo que no es necesario agregar nada más. Aquí está en toda su trágica dimensión lo sustancial de una Teología de la Dominación, que se manifiesta crudamente como Teología de la Muerte, que sirvió para mantener el espíritu de los militares que sólo mediante un genocidio creían poder volver atrás la historia para revivir los supuestos idílicos tiempos de la perfecta unión entre la cruz y la espada.

La Teología de la Dominación en su versión más acabada de la Teología de la Muerte desarrollada por los vicarios castrenses, con su correspondiente mística del soldado cristiano, debía ser aplicada por los capellanes militares, cuya labor era, como la definió Bonamín, “formar espiritualmente y doctrinariamente a los cadetes y soldados”. Monseñor Antonio Plaza, al estrenarse como flamante capellán de la policía bonaerense, la de Camps, aseguró que la Iglesia brindaría “fortaleza espiritual” a los integrantes de los cuadros policiales y a sus familias “para templarlos ante la adversidad”.

Los capellanes militares junto con los integrantes de las Fuerzas Armadas y policiales, en los centros clandestinos, en sus relaciones con las familias de los militares, eran la cruz junto a la espada, el espíritu que animaba a la materia, lo sagrado que daba sentido a lo profano, es decir, a los secuestros, torturas y desapariciones. En efecto, de acuerdo con la mística que se deriva de la concepción del Dios mayestático que exige inmolación y destrucción, el capellán Mackinnon podía invocar a Dios “para que nuestro uniforme no tenga otra mancha que la de la sangre propia o ajena derramada por una causa justa; porque esta sangre no mancha, dignifica”.

Esta acción mostró su eficacia en los centros clandestinos. Hay testimonios sobre la existencia de interrogadores cursillistas, además del conocimiento que tenemos de la existencia de toda una brigada que llevaba el nombre de “Colores”, el himno del cursillismo, cuyo representante principal, apellidado precisamente Colores, se caracterizaba por la manera en que gozaba las torturas. Había militares que en los centros clandestinos usaban el rosario, militares torturadores que se consideraban cruzados, inquisidores, enviados de Dios en contra de los diablos; torturadores que interrogaban sobre la fe de sus víctimas; y por supuesto la continua proclamación de “los valores occidentales y cristianos” por los que se lucha.

* Profesor consulto de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

jueves, 16 de diciembre de 2010

CARTA ABIERTA AL MINISTRO DE SALUD DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES


Señor Ministro Dr. Alejandro Collia:

La Asociación Madres de Plaza de Mayo que presido apoya incondicionalmente al doctor Carlos Oviedo, Director Ejecutivo del Hospital Gandulfo de Lomas de Zamora, excelente profesional que dio muestras de su integridad, su sabiduría, su inteligencia, su solidaridad y su entrega como médico a la comunidad de Lomas de Zamora.

Nos da asco que los personeros del duhaldismo quieran echar a tan excelente profesional, bajo amenazas cobardes.

Esperamos que usted se ponga del lado de la comunidad y del pueblo de Lomas de Zamora tomando medidas rápidas para que este querido médico continúe con su maravilloso proyecto.

Esperamos que usted tome directamente parte en el asunto, para que podamos sentir que hay algunos ministros que merecen el cargo.

Lo saluda a usted.

Hebe de Bonafini

Presidenta de la Asociación

Madres de Plaza de Mayo

http://www.madres.org/navegar/nav.php?idsitio=5&idnota=6326&idindex=26

martes, 7 de diciembre de 2010

Mural Siqueiros



Palabras de la Presidenta en Homenaje a Néstor Kirchner en la Cumbre Iberoamericana


Quisiera agradecer en nombre de mis hijos, en nombre propio y en nombre de mi país este homenaje muy sentido.

Quiero contarles algo muy breve antes de concederle la palabra al señor Presidente de Portugal que por tener que viajar me ha pedido hacer uso de ella en primer lugar: tú, Enrique, con este aplauso que solicitaste, es la primera vez que yo lo aplaudo a él, porque había una cosa muy entre nosotros. Él sí me aplaudía a mí, pero yo nunca lo aplaudía a él cuando hablaba.

No me pregunten por qué, pero era casi un acuerdo muy secreto entre ambos y recién cuando tú propusiste el minuto de aplausos, que realmente no sabía que lo ibas a hacer, pensé que es la primera vez que lo voy a aplaudir porque, bueno, uno puede verlo inclusive en los registros fotográficos o de filmaciones, era un acuerdo entre él y yo que no lo aplaudí.

Gracias a todos.

Palabras de la PresidentA en el homenaje a Lula Da Silva





Quiero hacer en este momento un homenaje, sé que es en nombre de todos, pero quiero hacerlo también muy particular mío y de la República Argentina, al compañero Lula, al Presidente del Brasil.

Amigos, amigas: Álvaro Colon decía hace rato que no se puede despedir a hombres como Lula. Yo estoy totalmente de acuerdo, nadie lo va a despedir hoy.

También comparto lo que decía Rafael en cuanto debía haber normas que impidieran que hombres como Lula se fueran.

Pero yo quiero decirles algo, en realidad un militante político nunca se va de la política y mucho menos cuando le ha tocado desempeñar el más alto cargo, el más alto honor que un país puede conferir a un militante político que es el de darle la presidencia de su país, y durante el desempeño de esa presidencia haber hecho transformaciones y tareas que nunca antes se habían hecho.

Hoy también han homenajeado a quien fuera mi compañero de vida, de militancia, de ideales y convicciones. Alguien podría pensar también que se fue, pero en realidad cuando uno ha pasado la vida dejando cosas tan importantes, cuando ha cambiado los paradigmas de un país, porque en realidad recuperar la autoestima, recuperar la dignidad es cambiar los paradigmas de un país. Porque muchos o pocos pero muy poderosos, necesitan que no nos creamos capaces de grandes cosas, grandes epopeyas, grandes transformaciones para seguir ejerciendo determinadas políticas. Estos hombres, Lula y Néstor Kirchner, quebraron esas lógicas, construyeron nuevos paradigmas.

Lula habló de que entre ambos -y es absolutamente cierto- destruyeron, deconstruyeron prolija y pacíficamente lo que durante décadas -yo diría durante casi 200 años de vida del país- se había estructurado, que era imposible construir alianzas estratégicas con Brasil, que además no solamente eso, sino que eran además nuestra hipótesis de conflicto bélico principal Argentina y Brasil, a punto tal que a regiones como la Mesopotamia argentina, concretamente Misiones, Entre Ríos, Corrientes, que vinculan directamente como corazón al MERCOSUR, se les impidió desarrollar infraestructura básica porque eran un posible acceso de Brasil para invadir Argentina. Y estas cosas no pasaron en el siglo XIX, estas cosas se discutieron, se debatieron y se hicieron durante el siglo XX.

Por eso digo que cuando Lula habla de esa amistad entrañable que construyeron, cuando él recibió a Néstor Kirchner como candidato a presidente habiendo otros candidatos y cuando muy pocos apostaban por que Kirchner fuera presidente, él lo recibió como si fuera el único candidato a presidente que tenía la República Argentina. Eso para la Argentina en general y para esta Presidenta en particular, va a ser inolvidable.

Por eso yo quiero hacer dos obsequios, porque muchas veces hay imágenes, hay fotografías que son más fuertes que discursos y que mil palabras.

Yo quiero mostrarles lo que le voy a regalar al Presidente Lula: una va a ser una fotografía tomado por quien es el fotógrafo oficial desde hace muchos años de la Casa de Gobierno, Víctor Bugge, y que no sé en qué reunión fue tomada pero que revela los afectos, los lazos que estos dos hombres, no digo tenían, tienen. Y, al mismo tiempo, reproduje esa fotografía en metal y piedra. La piedra es pórfido patagónico, nuestro pórfido patagónico, el que recubre nuestra casa de El Calafate, y el que va a recubrir también su tumba en Río Gallegos, y también un metal muy fuerte, hierro, que es de lo que ustedes están hechos, pero no de hierro malo, de buen hierro, del hierro que sirve con firmeza a sus pueblos.

Así que, quiero brindar este homenaje a este amigo entrañable que, junto a mi compañero, pudieron y supieron construir una UNASUR, una América del Sur totalmente diferente.

Gracias.

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